Begastri necesitaba diferenciar claramente sus gamas sin perder coherencia de marca. Por un lado, vinos jóvenes, frescos y expresivos; por otro, referencias de crianza y barrica que hablan de tiempo, paciencia y saber hacer. El desafío consistía en traducir esas diferencias en un lenguaje visual potente, reconocible y memorable.
El objetivo era claro: crear un sistema visual capaz de expresar la personalidad de cada vino, conectar con públicos distintos y reforzar el posicionamiento de la marca en un mercado cada vez más exigente.
La solución pasó por trabajar cada etiqueta como una pieza narrativa, donde ilustración, color y concepto se alinean con el carácter del vino. Diseñamos un sistema que:
Las etiquetas de los vinos jóvenes parten directamente de sus notas de cata. Frutas y flores se convierten en elementos gráficos protagonistas, construyendo composiciones coloridas, vivas y contemporáneas.
El diseño no describe el vino: lo anticipa. Refleja frescura, ligereza y disfrute inmediato, con una estética pensada para destacar en el lineal y conectar con un consumidor actual, curioso y visual.
En las gamas de crianza y barrica, el enfoque cambia. Aquí el diseño se vuelve más narrativo y simbólico.
Son etiquetas que invitan a mirar despacio, a descubrir detalles y a entender el vino como una experiencia que va más allá del sabor.