Un queso de cabra murciano con denominación de origen. Un aceite de oliva virgen extra de variedad cuquillo embotellado en la propia almazara. Una hamburguesa de alcachofa que ha ganado premios internacionales. Un snack artesano con pimentón de Murcia presente en 400 puntos de venta. Un vino ecológico de Monastrell embotellado en una bodega centenaria de Cehegín. Todos estos productos comparten algo más que su origen murciano: comparten un recorrido desde el campo hasta el consumidor que, bien gestionado, convierte materia prima en marca y territorio en ventaja competitiva.
Ese recorrido no es automático. Requiere producción de calidad, sí, pero también transformación, posicionamiento, canales de venta adecuados y una comunicación que traslade al comprador la historia que hay detrás de cada producto.
Las cuatro etapas de la cadena de valor
1. Producción: Todo empieza en el campo, la granja o el olivar. La Región de Murcia ofrece condiciones excepcionales —clima, suelo, agua, tradición ganadera y agrícola— pero la materia prima de calidad requiere inversión y conocimiento. Queserías con rebaños propios de murciano-granadina, almazaras que molturan el mismo día de la cosecha, viñedos ecológicos a 900 metros de altitud. La calidad del producto final se decide en esta fase.
2. Transformación: Convertir leche en queso con DOP, aceituna en aceite con marca propia o alcachofa fresca en producto confitado para Horeca exige instalaciones, normativa, inversión en I+D y personal cualificado. Es la fase donde muchos productores pequeños se quedan atascados: saben producir, pero no siempre saben transformar y envasar con estándares profesionales.
3. Marca y comunicación: Un producto sin identidad compite solo por precio. Un producto con marca, historia y comunicación coherente compite por valor. Los productores murcianos que han dado el salto —Villaolivo con su línea O de Oliva, Caprichos del Paladar con Burgood, Craleo con su identidad de snack mediterráneo— comparten esa inversión en construir marca.
4. Distribución y venta: El último eslabón es llegar al consumidor. Puede ser a través de retail especializado, canal Horeca, venta online directa o plataformas que agrupan producto local. Lo importante es que el canal sea coherente con el posicionamiento del producto.
El Estante de Murcia: un canal que entiende el producto desde el origen
En este contexto, plataformas como El Estante de Murcia (elestantedemurcia.es) funcionan como el puente entre el productor artesano y el consumidor final. No es un marketplace genérico: es un e-commerce curado de producto gourmet murciano que selecciona marcas con historia real, ofrece cajas regalo temáticas y gestiona también B2B corporativo.
Marcas como La Yerbera, Villaolivo, Craleo o Caprichos del Paladar encuentran en este tipo de canal un escaparate que respeta su identidad y cuenta su historia, algo que los canales de distribución convencionales rara vez ofrecen. El valor diferencial está en que quien gestiona ese estante conoce el producto desde el campo, entiende la cadena de valor completa y sabe comunicar lo que hace especial a cada marca.
Claves para que la cadena de valor funcione
- Trazabilidad real: El consumidor quiere saber de dónde viene el producto, quién lo ha elaborado y cómo.
- Coherencia entre producto y canal: Un queso artesanal con DOP merece un canal que lo explique, no un lineal donde compita por precio con industriales.
- Inversión en marca: Packaging, naming, storytelling y presencia digital no son lujos: son herramientas de supervivencia para el productor pequeño.
- Red de productores: Compartir canal con otros productores locales genera masa crítica y refuerza la identidad territorial del conjunto.
Del campo al plato. Del plato a la marca. De la marca al mercado.
Este es el recorrido que han completado los productores murcianos que hoy tienen marca reconocida y acceso a mercados nacionales e internacionales. No es un camino fácil, pero la Región de Murcia tiene todas las condiciones para que más empresas lo recorran: materia prima de calidad, denominaciones de origen consolidadas, un tejido empresarial agroalimentario potente y, cada vez más, profesionales de marketing que entienden el sector alimentario desde dentro.
Si has llegado hasta aquí recorriendo esta serie de artículos, ya conoces las historias de los productores que hacen posible este ecosistema. El siguiente paso es convertir cada una de esas historias en una marca que el mercado reconozca y valore.
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